sábado, 17 de junio de 2017

LOS SUEÑOS.







        No podemos evitar el paso del tiempo, los años llegan a nuestro encuentro sin que podamos hacer nada por esquivarlos, teniendo la sensación que la vida se nos escapa de entre los dedos. Ya no podemos volver atrás y esperar a que el futuro muestre sus cartas, es el suicidio del presente.
          
           ¿Qué nos queda? Seguramente solo los sueños.

        Son los sueños los que alumbran el camino, nos arrastran tras de sí manteniéndonos a flote en las aguas del océano que tenemos que cruzar en nuestra existencia. Son ellos los que nos rescatan del naufragio empujándonos hacia la superficie convirtiéndonos en supervivientes. Son ellos los que nos enseñan que lo más sencillo es lo que nos llena la vida. El roce de la brisa en las mejillas que nos trae el recuerdo del beso de la madre perdida, el olor de una fragancia que nos transporta en un solo instante a instalarnos en un recuerdo placentero, el movimiento de las llamas de la hoguera que pausa el latir del corazón, la humedad que el rocío de la mañana deja en nuestros pies, la música que abre nuestros oídos…

           Los sueños son insubordinados y arbitrarios, no tenemos la capacidad de imponerles un guión, son ellos los que nos apuntan y nos seducen encaminándonos hacia la felicidad. Dejar de soñar para caminar al lado de alguien es sencillo, el prodigio sucede cuando sin pretenderlo ni buscarlo nos vemos inmersos en los sueños de alguien y ese alguien camina de nuestra mano en los nuestros.

            Ahora que el camino se estrecha y a un lado está el abismo y al otro los muros infranqueables de la realidad, solo nos quedan los sueños.

            Nunca debemos dejar de soñar…



Julián Luis Medina.